Entre los parásitos documentados por la ciencia marina hay uno que parece desafiar la lógica anatómica: Cymothoa exigua, un isópodo que destruye gran parte de la lengua de determinados peces y termina ocupando su lugar. Un estudio publicado en 1983 en Copeia examinó el fenómeno en el pargo lisa, Lutjanus guttatus, y propuso que el cuerpo del isópodo actúa como reemplazo mecánico de la lengua. Los peces estudiados seguían alimentándose y no mostraban una reducción evidente de su capacidad respiratoria.

Los autores, Richard C. Brusca y Matthew R. Gilligan, lo describieron como el primer caso conocido en animales de reemplazo funcional de una estructura del hospedador por un parásito. Esa formulación es importante: no significa que el isópodo se convierta en tejido del pez, sino que queda colocado de manera que puede cumplir parte del trabajo mecánico de la lengua perdida.

La mecánica del reemplazo

Los cimotoideos pasan por una etapa juvenil libre antes de localizar un pez y fijarse a él. En Cymothoa exigua, los machos suelen encontrarse en las branquias, mientras que las hembras adultas ocupan la cavidad bucal y se sujetan al suelo de la boca con siete pares de patas terminadas en ganchos.

La fijación y la alimentación sanguínea reducen la circulación en la lengua. El tejido pierde estructura, se atrofia y acaba dejando solamente un muñón, al que la hembra permanece firmemente adherida. Por eso resulta más preciso decir que el parásito destruye la lengua mediante ese proceso que afirmar que se la come directamente.

La lengua de un pez no funciona como la lengua muscular de un mamífero. Es principalmente una estructura que ayuda a mantener y presionar el alimento contra los dientes situados en el paladar. La forma y la posición del isópodo permiten que el pez continúe realizando esa acción, aunque el estudio de 1983 presentó esta función como una hipótesis mecánica basada en los ejemplares observados.

En aquellos peces, más del 90 % de la lengua había desaparecido. Aun así, los dos animales afectados parecían estar en buenas condiciones, tenían el intestino lleno y conservaban depósitos de grasa. Esa evidencia respalda la idea de que el pez puede sobrevivir y comer con el isópodo instalado, aunque no demuestra que su rendimiento sea idéntico al de un pez sano.

Una familia que no vive solamente en la boca

Cymothoa exigua pertenece a los cimotoideos, una familia de isópodos parásitos de peces marinos y de agua dulce. Algunas especies viven en la cavidad bucal, pero otras se fijan a las branquias, la superficie externa o incluso los tejidos de sus hospedadores. El nombre coloquial inglés tongue biters se aplica especialmente a las formas que ocupan la boca.

Muchos cimotoideos presentan hermafroditismo protándrico: se desarrollan primero como machos y algunos pasan después a ser hembras funcionales. Esta estrategia facilita la reproducción en un modo de vida en el que encontrar un hospedador adecuado puede ser una oportunidad poco frecuente. Sin embargo, los detalles cambian entre especies y no todos los miembros de la familia sustituyen una lengua.

La fotografía de otro parásito que se hizo famoso

Una de las imágenes más conocidas de un isópodo dentro de la boca de un pez no muestra a Cymothoa exigua. El animal fotografiado por el parasitólogo sudafricano Nico Smit era Ceratothoa famosa, una especie distinta que aparece en la boca del besugo del Cabo y de otros peces del sur de África.

Smit tomó la fotografía mientras realizaba trabajo doctoral en la costa sudafricana. En una entrevista de 2023 con On Point, de WBUR, explicó que llevaba una pequeña cámara digital recién comprada y que hizo la foto sin preparar la iluminación ni la composición. Más tarde la compartió con su universidad y en internet, donde se difundió ampliamente.

La especie fue descrita formalmente en 2014 por Kerry A. Hadfield, Niel L. Bruce y Nico J. Smit en una revisión taxonómica publicada en ZooKeys. El trabajo señala que una fotografía de la especie publicada en internet en 2004 había aparecido en revistas, libros, documentales, programas de naturaleza y noticias de numerosos países. Su epíteto, famosa, procede precisamente del latín para “famosa”.

Smit no es solamente el autor de una imagen viral. La Universidad North-West lo identifica como profesor de Ecología en su Escuela de Ciencias Biológicas y especialista en biodiversidad, taxonomía y ecología de parásitos marinos y de agua dulce. La fotografía se convirtió en una puerta de entrada pública a una línea de investigación que llevaba muchos años desarrollándose fuera de la atención popular.

Lo que el parásito obtiene y lo que le ocurre al pez

La relación sigue siendo parasitaria porque el isópodo utiliza al pez como hospedador, daña su tejido y obtiene recursos de él. Sin embargo, afirmar que después “no aporta nada” simplifica demasiado el caso. Brusca y Gilligan plantearon que un pez con el cuerpo del isópodo en el lugar de la lengua podría alimentarse mejor que otro que hubiera perdido completamente el órgano sin ningún reemplazo.

Tampoco está completamente resuelta la alimentación de las hembras adultas una vez que la lengua ha desaparecido. El artículo de 1983 señalaba que la fuente de energía de los grandes cimotoideos bucales no estaba clara. Por eso conviene evitar una narración cerrada según la cual el animal pasa años alimentándose de sangre, moco o restos de comida de una manera ya demostrada para todas las especies.

La evolución no necesita producir una relación beneficiosa para ambos organismos. Basta con que el parásito obtenga alimento, refugio y una oportunidad de reproducirse sin incapacitar demasiado pronto al hospedador del que depende. En ese equilibrio, una estructura corporal capaz de encajar en la boca puede mantener vivo al pez y, con él, al propio isópodo.

El pez luna muestra la escala de la diversidad parasitaria

El pez luna, Mola mola, ofrece otro ejemplo de la variedad de parásitos marinos, pero no existe aquí una base suficiente para declararlo “el pez con más parásitos del mundo”. Una revisión publicada en Pubvet en 2018 recopiló registros producidos entre 1904 y 2017 y encontró parásitos de cinco filos en ejemplares documentados en cinco continentes.

Los registros incluyen platelmintos, artrópodos, nematodos y otros grupos presentes en diferentes partes del cuerpo. La amplitud geográfica y taxonómica del catálogo demuestra que un solo pez puede sostener una comunidad parasitaria extraordinariamente diversa. No demuestra, sin embargo, que Mola mola posea un récord mundial frente a todas las demás especies de peces.

Lo que estas rarezas revelan sobre la vida marina

Casos como el de Cymothoa exigua, Ceratothoa famosa y los parásitos del pez luna suelen presentarse como curiosidades grotescas. En realidad, muestran que una parte considerable de la biodiversidad marina vive sobre otros animales o dentro de ellos. Una síntesis de Nature Index sobre los parásitos de peces marinos destaca la presencia de protozoos, helmintos y crustáceos con ciclos vitales que pueden involucrar a varios hospedadores.

El detalle más perturbador de Cymothoa exigua no es solamente que destruya una lengua. Es que el pez puede seguir comiendo con el cuerpo del responsable instalado en el lugar del órgano perdido. La biología no separa lo elegante de lo grotesco; conserva las configuraciones que permiten a los organismos seguir viviendo y reproduciéndose.