En poco más de diez horas de observación, un telescopio recién estrenado en el norte de Chile ha capturado lo que a instalaciones anteriores les habría llevado meses: millones de galaxias, un enjambre de estrellas de la Vía Láctea y miles de asteroides moviéndose entre ellas. Se trata del Observatorio Vera C. Rubin, y las imágenes que acaba de publicar son apenas el ensayo general de la campaña astronómica más ambiciosa jamás intentada.
Instalado a 2.647 metros de altura sobre el Cerro Pachón, en la región de Coquimbo, el observatorio se prepara para iniciar el Legacy Survey of Space and Time (LSST), un rastreo continuo del cielo austral que se prolongará durante diez años. Sus primeras imágenes, difundidas el 23 de junio de 2025, no son solo una postal cósmica: son la prueba de que un enfoque radicalmente distinto de la astronomía —observar todo el cielo, todo el tiempo— por fin es técnicamente posible.
Una cámara del tamaño de un coche pequeño
El corazón del sistema es la LSST Camera, oficialmente la cámara digital más grande jamás construida para uso científico. Pesa unas 2,8 toneladas, tiene el tamaño de un automóvil compacto y su sensor combinado alcanza los 3.200 megapíxeles. Para hacerse una idea: mostrar una sola de sus imágenes al tamaño real requeriría cientos de pantallas de televisión de ultra alta definición dispuestas en mosaico.
Esa cámara va montada en el Telescopio Simonyi de Rastreo, cuyo espejo primario mide 8,4 metros de diámetro. Lo verdaderamente novedoso no es el tamaño, sino la agilidad: el conjunto óptico puede reorientarse en cuestión de segundos entre exposiciones, algo indispensable para su misión de barrer el hemisferio sur completo cada pocas noches. El resultado será, según describen los propios responsables del proyecto, un time-lapse ultra ancho y en ultra alta definición del universo.
Por qué el desierto de Atacama
El emplazamiento no es casual. El norte de Chile alberga varios de los cielos más oscuros y estables del planeta, gracias a la combinación de altitud, aire extremadamente seco y ausencia de contaminación lumínica. Desde Cerro Pachón, además, la vista privilegia el centro de nuestra propia galaxia, un objetivo prioritario para estudios de arqueología estelar.
En una de las primeras imágenes divulgadas, el observatorio retrató una pequeña región del cúmulo de Virgo, revelando galaxias que se pierden en el fondo del campo hasta profundidades cosmológicas. En otras exposiciones aparecen miles de asteroides del sistema solar como trazos brillantes, muchos de ellos catalogados por primera vez.
Lo que muestran las primeras horas de observación
El ensayo de 10 horas ha bastado para validar prácticamente todas las capacidades diseñadas sobre el papel. En ese lapso, la instalación registró millones de galaxias distantes que abarcan buena parte de la historia cósmica, un incontable número de estrellas de nuestra galaxia y varios miles de cuerpos menores del sistema solar. La resolución alcanzada permite distinguir estructuras que hasta ahora exigían apuntar telescopios especializados durante noches enteras.
Hiranya Peiris, catedrática del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge y colaboradora del proyecto en el consorcio dedicado a la energía oscura, resumió así el ánimo del equipo: vamos a mirar el universo como nunca antes, y esta exploración va a producir sorpresas que ni siquiera imaginamos.
Un torrente de datos sin precedentes
La verdadera revolución de Rubin no está en cada imagen individual, sino en el volumen y ritmo con que se acumulan. Cada noche, el observatorio generará del orden de 20 terabytes de datos brutos. A lo largo de los diez años del rastreo, el archivo total superará los 500 petabytes: el equivalente aproximado a medio millón de películas de Hollywood en 4K.
Procesar semejante caudal exige una infraestructura informática distribuida a escala planetaria. El Reino Unido, segundo mayor contribuyente internacional al proyecto tras Estados Unidos, ha invertido 23 millones de libras a través del Science and Technology Facilities Council para levantar uno de los centros de datos que asumirá la tarea. Sus sistemas procesarán en torno a 1,5 millones de imágenes y catalogarán unos 10.000 millones de estrellas y galaxias a lo largo de la campaña.
Astronomía dinámica: el cielo como una película
La estrategia observacional de Rubin cambia las reglas. En lugar de dedicar horas a objetos individuales, el telescopio barrerá el mismo trozo de cielo una y otra vez, cada tres o cuatro noches, durante una década. Cualquier cosa que aparezca, desaparezca o se mueva entre pasadas queda automáticamente marcada como alerta.
Ese enfoque abre una ventana enorme a fenómenos transitorios que los telescopios convencionales suelen perderse: supernovas en sus primeras horas, estrellas variables y pulsantes, fusiones de estrellas de neutrones, cometas recién ingresados al sistema solar, asteroides potencialmente peligrosos y, quizá, familias enteras de objetos aún no descritos. Se espera que el sistema emita alrededor de 10 millones de alertas cada noche, distribuidas en tiempo casi real a la comunidad científica global.
Materia oscura, energía oscura y arqueología galáctica
Buena parte del interés teórico se concentra en dos incógnitas fundamentales. La primera es la materia oscura, que aparenta constituir la mayor parte de la masa del universo pero se resiste a la detección directa. Al mapear con precisión sin precedentes cómo la luz de galaxias lejanas se curva al atravesar concentraciones invisibles de masa —el llamado efecto de lente gravitacional débil—, Rubin dibujará el andamiaje oscuro del cosmos con una resolución hasta ahora inaccesible.
La segunda incógnita es la energía oscura, la componente responsable de la aceleración de la expansión del universo. Contar y clasificar miles de millones de galaxias a distintas distancias permitirá afinar drásticamente los modelos que describen esa expansión.
A escala más doméstica, la arqueología galáctica promete revelar la historia caníbal de la Vía Láctea. Vasily Belokurov, también de Cambridge, se declara ansioso por explorar los primeros catálogos del LSST: espera identificar las galaxias enanas más débiles y las corrientes estelares que enjambran el halo de la Vía Láctea, restos fósiles de galaxias que la nuestra devoró en el pasado remoto.
Lo que viene
Tras más de dos décadas de desarrollo, el observatorio inició las operaciones regulares del Legacy Survey of Space and Time el 30 de junio de 2026, y desde entonces cada noche despejada añade una nueva capa al mapa dinámico del cielo austral.
Bob Mann, catedrático de la Universidad de Edimburgo que dirige la participación británica, lo resume con sobriedad: las primeras imágenes muestran que todo funciona como se esperaba y que, por delante, hay una década entera de datos maravillosos con los que hacer buena ciencia. Si las estimaciones se cumplen, en 2035 la humanidad dispondrá del inventario más completo del universo visible jamás compilado, y probablemente de una lista larga de preguntas que hoy ni siquiera sabe formular.