En una región de la cara visible de la Luna llamada Mare Imbrium, o mar de las Lluvias, un pequeño robot soviético lleva 55 años inmóvil sobre el polvo lunar.

Se llama Lunojod 1, conocido internacionalmente como Lunokhod 1. Llegó en noviembre de 1970 dentro de la misión Luna 17 y recorrió unos 10,5 kilómetros durante los meses siguientes. Cuando su sistema de calefacción dejó de funcionar en 1971, el rover se enfrió y quedó en silencio.

En su parte delantera llevaba una pequeña bandeja de vidrio: un retrorreflector láser construido en Francia, formado por 14 prismas de esquina diseñados para devolver la luz exactamente hacia el lugar del que procede. Durante casi cuatro décadas, aquel espejo permaneció sobre la Luna, pero los científicos ya no sabían con suficiente precisión dónde apuntar.

Entonces, en marzo de 2010, la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA fotografió el rover desde la órbita. Un mes después, un observatorio de Nuevo México dirigió un láser hacia las nuevas coordenadas y recibió una señal inesperadamente intensa.

El reflector estaba allí, pero su ubicación se había perdido

Los controladores soviéticos conocían el lugar de descanso del vehículo con un margen de varios kilómetros. Se habían obtenido algunas mediciones láser durante los primeros meses de la misión, pero las coordenadas exactas y los datos necesarios no circularon de una forma que permitiera a otros equipos seguir utilizando el reflector.

Para la década de 1990, los grupos de medición láser habían abandonado la búsqueda. Un telescopio terrestre necesita apuntar a una zona mucho más pequeña que un círculo de varios kilómetros. El reflector seguía físicamente en su sitio, pero a efectos científicos estaba perdido.

La Lunar Reconnaissance Orbiter comenzó a cartografiar la Luna en alta resolución en 2009. En marzo de 2010, su cámara localizó tanto la plataforma Luna 17 como el rover. La imagen publicada por la NASA permitió determinar la posición de Lunojod 1 con una precisión aproximada de 100 metros.

Era suficiente para que Tom Murphy y el equipo APOLLO, del Observatorio Apache Point, pudieran intentarlo. El 22 de abril de 2010 enviaron los primeros pulsos hacia el objetivo.

Para qué sirve disparar un láser a la Luna

La medición láser lunar consiste en emitir pulsos extremadamente breves desde un telescopio, detectar la diminuta fracción de fotones que regresa y usar el tiempo de ida y vuelta para calcular la distancia entre la Tierra y la Luna.

Los retrorreflectores no necesitan electricidad ni piezas móviles. Cada prisma devuelve la luz hacia su origen aunque el rayo llegue con un pequeño ángulo. El programa APOLLO de la Universidad de California en San Diego explica que Lunojod 1 volvió a medirse en abril de 2010 gracias a las coordenadas obtenidas por la sonda orbital.

Al acumular observaciones durante décadas, los investigadores pueden medir cómo cambia el sistema Tierra-Luna. Esas mediciones muestran que la Luna se aleja unos 3,8 centímetros al año debido a las interacciones de las mareas. También permiten comprobar predicciones muy pequeñas de la relatividad general, estudiar la rotación terrestre y obtener información sobre el interior lunar, incluida la evidencia de un núcleo externo líquido.

Para este trabajo se utilizan cinco reflectores de la era de las primeras exploraciones lunares. Tres fueron instalados por las misiones Apollo 11, 14 y 15. Otros dos viajaron en los vehículos soviéticos Lunojod 1 y 2. Recuperar uno de ellos amplió de nuevo la geometría disponible para las mediciones.

La señal que regresó fue más brillante de lo esperado

El equipo de Apache Point no solo detectó el reflector. La respuesta fue sorprendentemente fuerte. En sesiones posteriores, Lunojod 1 llegó a devolver alrededor de 2.000 fotones útiles, según los registros destacados de APOLLO.

Los mejores resultados anteriores de Lunojod 2 rondaban unos 750 fotones por sesión. El análisis indicó que el reflector recuperado podía producir señales entre cuatro y cinco veces más intensas que el del segundo rover soviético.

Una explicación probable es que Lunojod 1 se conservó mejor. Los reflectores lunares pierden rendimiento cuando el polvo altera la trayectoria de la luz y crea diferencias de temperatura dentro de los prismas. Su ubicación, a una latitud mayor que Lunojod 2, parece haber reducido parte de esa degradación.

El hallazgo se publicó después en un artículo de la revista Icarus. Desde entonces, el reflector forma parte otra vez del programa internacional de medición láser lunar.

Una máquina de la Guerra Fría que todavía hace física

La historia reúne piezas que sus constructores difícilmente habrían imaginado juntas durante la década de 1960. Un rover soviético llevó a la Luna un reflector francés en plena rivalidad geopolítica. Décadas después, una sonda estadounidense encontró el vehículo y un telescopio de Nuevo México utilizó aquel reflector para estudiar una teoría formulada por un físico nacido en Alemania.

Quienes diseñaron Lunojod 1 sabían que un retrorreflector podía funcionar mientras alguien siguiera enviándole luz. No necesitaba que el rover permaneciera activo. Aun así, era difícil prever que el hardware instalado en 1970 seguiría aportando datos en la década de 2020, después de la desaparición del país que lanzó la misión.

La imagen astronómica del día de la NASA celebró la recuperación en junio de 2010. El vehículo continúa inmóvil, sus huellas intactas a su alrededor. Lo único que viaja es la luz: un pulso sale de la Tierra, cruza unos 384.400 kilómetros, toca 14 prismas cubiertos de polvo y vuelve con información sobre la gravedad, la Luna y el movimiento de nuestro planeta.

El reflector no sabe que la Unión Soviética dejó de existir ni que terminó la Guerra Fría. Solo devuelve la luz que recibe, exactamente como fue diseñado, esperando el siguiente pulso.